
¿Por qué no estamos en la calle con
lo que pasa? es lamento frecuente. Porque, a pesar de todo, aún hay mucha gente
que tiene algo que perder. Y, mientras así sea, no se vence el miedo. Y, sin
vencer el miedo, no hay cambio social que valga.
Sin miedo se sale a la calle, se
ocupa pacífica y masivamente, se planta la ciudadanía, desobedece y cambia las
cosas. Olga Rodríguez ha escrito un excelente libro sobre las revueltas árabes
titulado Yo muero hoy. Tremendo título. Porque fue lo que decía
mucha gente concentrada en la plaza de Tahir, en El Cairo, los últimos días de
la batalla contra la dictadura de Mubarak: Yo muero hoy. Pero aquí aún queda
mucho trecho para que mucha gente tenga esa actitud. No morir, sino arriesgar,
jugársela.
No salen masas a la calle porque
mucha gente parece tener aún los mismos valores y principios del sistema que
nos explota, engaña y reprime. Ganar dinero y poseer muchas cosas materiales es
fundamental; la competitividad es imprescindible; la clave es el crecimiento;
ha de aumentar el consumo… No se pone en cuestión este sistema capitalista ni
la injusta y desigual sociedad que ha engendrado. Incluso hay quien cree que la
solución sería volver a 2007, antes de que empezara este tormento de la crisis.
En nuestro país, además, tampoco se cuestiona el régimen monárquico neoliberal,
bipartidista, corrompido y cada vez más autoritario que mangonea España.

Por eso no sale la gente a la calle.
Que solo la mitad de la población cuestione la monarquía a estas alturas indica
el nivel de conciencia crítica que hay. Y la conciencia crítica no se
improvisa. Pero, a pesar de todo, se avanza y la situación es mejor que antes
del 15 M, por ejemplo. Porque transformar la sociedad y el país no es una
carrera de velocidad, sino una maratón.
Porque los cambios necesitan tiempo,
Marzouki nos cuenta lo que aprendió de su abuelo que sembraba en el desierto.
“Se siembra en tierra árida y esperas. Si llueve, hay cosecha, porque el
desierto, tras la lluvia, es como Asturias. Caminas sobre tierra quemada, pero,
cuando llueve, uno se pregunta cómo ha sido posible: flores, vegetación,
verdor… Porque las semillas estaban ahí.” Sembrar es aumentar la conciencia
crítica, organizarse, construir la unidad, trabajar la vía electoral de abajo a
arriba…
Se avanza. Pero hay que quebrar el
desistimiento, porque, como escribe Monedero, “para el régimen es esencial
impedir que el pueblo salga del sopor conformista y también que crea que no hay
nada que hacer. Porque el poder sabe la potencia de la ciudadanía indignada. Y
tiene más miedo del que imaginamos. ¿Por qué, de no ser así, aprueban ahora una
ley de seguridad ciudadana que convierte en delito casi cualquier protesta en
el país con menos delincuencia de Europa? Porque el régimen borbónico
bipartidista del 78 sabe que su situación en España está sujeta con pinzas. Y
si empezamos a decir que sí se puede…”
Claro que se puede. Como cuenta El
Roto en una de sus agudas ilustraciones: No dejéis que salgan a la
calle, no sea que se den cuenta de los muchos que son. Y Gandhi nos enseñó
que “siempre ha habido tiranos y, por un tiempo, parecían invencibles.
Pero siempre han acabado cayendo. Siempre”.
Todo cambio siempre parece
imposible, hasta que se logra, decía Mandela. Pasó 27 años en la cárcel, pero
logró una Sudáfrica libre de apartheid. Cuestión de esperanza.
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*Periodista y escritor
*Periodista y escritor